viernes, 22 de octubre de 2010

CRÍTICA DE LA TRILOGÍA NOCILLA

Os reproduzco una interesante crítica aparecida en el blog lector mal-herido. Os ayudará a centraros en el concepto posmoderno que introducen estas novelas, con sus pros y sus contras.


Lo más interesante y perdurable de la generación nocilla es que ha parametrizado en la literatura española el modelo de escritor publicitario, esto es, ya no da vergüenza venderse.

Esto supone una evolución casi necesaria del modelo anterior, basado en la generación del 27, que sólo proponía el achique de espacios para que exclusivamente once jugadores fueran el fútbol todo ante los ojos del público, ciego al banquillo, al estadio vecino y al hecho de que el fútbol se inventó hace tiempo.

Lo curioso de las generaciones, también de esta que nos ocupa el post, es que, por un lado, un pequeño grupo de autores parece distribuir su prestigio entre todos los miembros del clan, de modo que escritores de menor atractivo salen en un montón de fotos y reportajes, como las niñas de Zapatero; y, por otro, también es curioso que, a fin de cuentas, ese pequeño grupo de carga es, de hecho, el único que se lee.
Una ironía con no poco sentido de la justicia.

Agustín Fernández Mallo es, por tanto, el autor al que hay que leer de la generación nocilla, y a uno le cuesta mucho preocuparse de otros autores del grupo, como cuesta mucho visitar iglesias pequeñas en París cuando sólo estamos de visita un par de días. Y la lectura, como la vida misma, son dos días, sí.

A lo tonto y a lo bobo, me he leído ya todo lo que ha escrito Fernández Mallo. Eso, no sé, debería procurarme algún tipo de prebenda, como, por ejemplo, la de opinar libremente, sin que luego abajito la panda habitual de talibanes de lo suyo me tengan cuatro días frito a gilipolleces.

Os voy a contar lo de la trilogía Nocilla, niños.

Nocilla Dream, la madre de todo el asunto, es un texto de unas 200 páginas que entremezcla historias, propias o tomadas del periódico, y citas de otros autores. Lo leí hace ya un tiempo y no soy capaz de recordar mucho del libro, pero tengo claro que su categoría verbal anda en las inmediaciones de una especie de suplemento dominical hecho con ambición. Esto es: todas las páginas tienen que ser interesantes. Hay que elegir los temas más jugosos, ordenarlos y, sobre todo, ir al grano. Así, la lectura de Nocilla dream no defrauda punto por punto, pero se queda floja cuando uno busca en la postrimería lectora el material humano. Todo el material de Nocilla dream es divulgativo, ocurrente, curioso. El libro es interesante, pero no es emocionante.

La lectura, como es lógico, es ajena a la teoría mesetaria y a-jerárquica que originó el texto, y aunque esa teoría mola, lo cierto es que no importa lo más mínimo, como no importa lo más mínimo la fórmula de la cocacola cuando bebemos cocacola.

Nocilla Experience no me gustó nada. Entiendo post como este. Lo suscribo.

Y aquí estamos ahora con Nocilla Lab, que he acabado de leer cinco minutos antes de escribir "Lo más interesante y perdurable de la generación..."

Me ha gustado mucho. Es el mejor libro de los tres. Debo reconocer que si he decidido perder mi tiempo en su lectura ha sido porque Menéndez Salmón alabó el libro en un reportaje. Os cuento de qué va.

Va de Agustín Fernández Mallo.

Qué buen tema, ¿eh?

Porque, aparte de las fotos, el cómic y el Courier New que se le exige a un autor moderno, tenemos, para desgracia de todo el afán rompedor del movimiento, un libro fundamentalmente clásico. Esto es, lo que nos importa es el hombre.

Y en este caso, el hombre es su mirada. El narrador cuenta cosas banales, algo cutres incluso, viajes, campings, casinos, bragas, tiendas; y lo hace con sencillez. De vez en cuando, llega la reflexión (la propia de Mallo, imaginad), casi siempre particular y enriquecedora, para seguir luego con el relato sin estridencias de un viaje de pareja a una isla italiana y de algunos episodios del pasado del narrador, cuando era universitario, o cuando estuvo en Las Vegas.

En la segunda parte, hay un giro narrativo que nos aboca al doble (ponerlo en alemán en casa los que seáis snobs), y que queda un pelín improcedente, pero sólo un pelín.

Luego hay una tercera parte de pedrea de pasajes pequeños (¡4 Ps!), con celda y todo, y luego el cómic.

Esta Nocilla no es fragmentaria, y por eso, y porque se hace hueco a la vida cotidiana, es mejor. La obra se lee sin atrición hacia el Dios tecnológico, sin el muleteo de Foucault ni el pajilleo de Deleuze, sin prospecto.

Importa más la voz que la partitura, y por eso suena tan bien.

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